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INSTITUTO JUAN DE HERRERA ESCUELA TÉCNICA SUPERIOR UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE MADRID |
FORMACIÓN EN MATERIA DE "HABITABILIDAD BÁSICA" EN ESCUELA TÉCNICA SUPERIOR DE ARQUITECTURA DE MADRID (UPM) Ponencia presentada al VI Encuentro de Cátedras Latinomericanas de "Vivienda Popular", Red ULACAV, realizada en Resistencia (Argentina), octubre de 2001.Julián Salas y Felipe Colavidas
1.- La "necesidad" que nos convoca. La creciente mundialización económica, política y social, legitima de por sí que cualquier institución universitaria del mundo desarrollado imparta sus materias contemplando la dimensión global de las problemáticas que le conciernen. En este caso, resulta pues pertinente que la Universidad Politécnica de Madrid, y más en concreto la Escuela de Arquitectura, contemple los problemas mundiales de los asentamientos humanos, y no sólo los de la ciudad occidental, cuyos retos, obviamente, es preciso también conocer y abordar en toda su complejidad. El sólo hecho de que hoy vivan en el planeta el doble de habitantes que en 1970, cuando la población alcanzó los 3.000 millones, y que más del 80% de este incremento se haya asentado en el Tercer Mundo, resulta en sí un fenómeno novedoso y, al tiempo, estremecedor. Desde una perspectiva planetaria, las necesidades de habitabilidad no satisfechas en asentamientos humanos del Tercer Mundo -hambre de viviendas preferimos llamarle- deberían constituir uno de los primeros retos técnicos a abordar por múltiples disciplinas que se imparten en las escuelas de arquitectura. Si bien, es preciso no perder de vista que se trata de un problema con una fuerte dimensión política, que va más allá de los contenidos meramente técnicos, y de la cual depende, incluso, la estabilidad social de los países que lo padecen. Pese a la dificultad que supone todo intento de cuantificación la necesidad de construir lugares habitables básicos a escala universal, remitimos al lector a los datos recientemente elaborados por Naciones Unidas, Tabla 1, y que suponen, cuando menos, una foto fija de la situación. Junto a los `sin techo´, las personas que viven en asentamientos humanos precarios (en vivienda y entorno externo) del Tercer y Cuarto Mundo, que resultan directamente lesivos para su salud se extienden, según estimaciones estadísticas de NU a más de 1/3 de la población actual (2.000 millones de personas), a los que, en las décadas venideras, hay que añadir además unos 60 millones más de pobres por año. Por otra parte, desde una visión eminentemente pragmática, en el caso de que fuese pensable olvidar en una instancia universitaria la dimensión ética y humana del problema en su doble aspecto cualitativo y cuantitativo, el hecho de que un número creciente de arquitectos y de otros profesionales trabajen en Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo (ONGD), en campañas de reconstrucción y en organismos internacionales e instituciones que cooperan en aspectos concernientes a los asentamientos humanos precarios, refuerza la necesidad de formalizar y acometer también desde el Primer Mundo actividades de investigación-acción, realizaciones demostrativas y, obviamente, además impartir docencia especializada en el ámbito universitario. Todo ello, novedoso en el caso español -no puede olvidarse que España fue país receptor de cooperación hasta 1973- viene aconteciendo desde hace décadas en no pocas instituciones universitarias del Primer Mundo y es una pujante tendencia, en lo referente a formación universitaria en Latinoamérica como lo ratifica esta reunión de Resistencia. Los precedentes mencionados, y el creciente soporte que la sociedad española otorga a la cooperación para el desarrollo, no hizo pensar, hace ya cerca de una década, que era el momento de estructurar e impulsar dentro de la Escuela de Arquitectura de Madrid la formación de profesionales para la cooperación internacional, entendida en su sentido más amplio, preparando especialistas capaces de intervenir de manera competente y profesional en asentamientos humanos precarios en áreas desfavorecidas, con especial énfasis en los países menos desarrollados de América Latina y África y, con carácter excepcional, en situaciones de manifiesta marginalidad en países desarrollados ("Cuarto Mundo") . Al impartir la enseñanza que nos ocupa en la ETSAM, existe para muchos alumnos -también para algunos docentes- un problema adicional que tiene sus raíces en la dificultad para interiorizar la profundidad y magnitud de la necesidad, miseria, carencia de medios, hambre... del contexto en el que han de actuar profesionalmente. La carencia de memoria del subdesarrollo, como fenómeno vivido de forma más o menos cercana, supone que sean inimaginables descripciones como las de Goytisolo en "La Chanca" (año ¡1965!): "... en La Chanca no hay médicos, ni dispensario, ni practicante, ni mercado, ni agua corriente, ni, en la mayor parte de las casas electricidad. Los vecinos deben buscar el agua a veces a centenares de metros, el alquiler de las chozas es de treinta o cuarenta duros...". Esta es una de las razones por las que se incluye entre la bibliografía recomendada la tesis doctoral de Joan Busquets realizada hace "solo" treinta años y cuyo texto puede ejercer de puente conceptual entre los barrios marginales de la Barcelona de los cincuenta / sesenta y ciertas periferias actuales de algunas grandes urbes latinoamericanas. Parte de la dificultad de los que carecen de memoria propia o adquirida del subdesarrollo, se suple - y se detecta de forma palmaria en el transcurrir de los cursos- con las oportunidades de conocimiento que ofrece la movilidad creciente, desde la superficial percepción visual de algunas formas de turismo a las estancias más o menos de carácter solidario en países en vías de desarrollo. La formación que sobre habitabilidad básica se imparte en la ETSAM, pretende la especialización en torno a un conjunto de conocimientos necesarios para intervenir con competencia en realizaciones ex-novo o de mejora y consolidación de asentamientos humanos precarios. Conocimientos que abordan aspectos como: políticas de formalización de la "informalidad"; gestión y desarrollo de la vivienda popular; elementos de urbanización de bajo coste; procesos constructivos "apropiables"; racionalización de la construcción con recursos escasos; materiales autóctonos; talleres productivos; procesos de participación comunitaria; sistemas de industrialización "posible",... toda una panoplia de herramientas que, si bien es cierto, en muchos casos resultan de reelaborar o adaptar materias propias de programas ya clásicos en las escuelas de arquitectura, en otros, se tratará de nuevos conocimientos, fruto de un enfoque en muchos aspectos radicalmente distinto al que acostumbra mantener el profesional de la arquitectura. Conocimientos que se orientan a la búsqueda de soluciones plausibles en contextos de extrema necesidad y a los que se refiere el colombiano Alvaro Ortega en "Prearquitecturas del Bienestar", al asignarle al arquitecto un papel determinante como gestor de recursos ajenos para idear soluciones capaces de resolver necesidades abrumadoras por medio de recursos siempre escasos. El reto no es baladí: construir lugares habitables y arquitecturas condicionadas a las limitaciones de los presupuestos de la pobreza. 1.- ALOJAMIENTO:
2.- SOCIEDAD:
3.- MEDIO AMBIENTE:
2.- El marco conceptual de la formación en "habitabilidad básica".¿Habitabilidad básica? Entendemos por "habitabilidad básica" la que satisface la necesidad vital de cobijo que todas las personas tenemos. Dicha habitabilidad requiere por tanto asentamientos que cubran estas urgencias residenciales del vivir: no sólo las que conciernen a la vivienda sino también a los espacios públicos, infraestructuras y servicios elementales que constituyen, en conjunto, un entorno externo propicio para la reproducción vital de las personas. Habitabilidad básica define por tanto el nivel más elemental, mínimo, de habitabilidad cuyo satisfacción es condición, sine qua non, de posibilidad para lograr posteriormente `la vida buena´ y el pleno despliegue de las capacidades que albergan las comunidades y las personas. Con habitabilidad básica, queremos pues hacer hincapié en el carácter positivo, de alternativa a la precariedad en el cobijo. La satisfacción de la necesidad natural de habitabilidad básica que tenemos todas las personas ha sido reconocida como un derecho humano por organismos internacionales y nacionales desde hace varias décadas. Así quedó tempranamente plasmado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (articulo 24, derecho a la vivienda), en la mayoría de las Constituciones de los países y en diversas recomendaciones mundiales como la de la ultima Cumbre de las Ciudades celebrada en Estambul en 1996 (Hábitat II), donde se fijaron como los dos objetivos prioritarios la vivienda adecuada para todos y los asentamientos humanos sostenibles en un mundo en proceso irreversible de urbanización. Sin embargo, a tal efecto hay que distinguir entre los derechos de garantías civiles, el cumplimiento de los derechos de segunda generación requieren prestaciones sociales. Ciertamente, al contrario de lo que ocurre con los derechos de garantías políticas y civiles y los derechos de segunda generación, como estos referentes a los asentamientos y la vivienda, cuyo cumplimientos requieren grandes cantidades de recursos y capitales que siempre son escasos y además suelen estar mal repartidos. Uno de los cometidos prioritarios de quienes de una manera o de otra nos ocupamos de esta materia, conforma la obligación de concretar, técnica, formal y constructivamente, hasta sus últimas consecuencias y precisiones esas demandas abstractas de derecho en instrumentos técnicos adecuados a cada caso particular. Y tal concreción cabe hacerla a tres niveles distintos: a.- Como descripción, lo más completa, universal y cosmopolita posible, del conjunto de características de: 1) territorio/suelo, 2) parcelación y ordenación, 3) urbanización y 4) edificación que requiere teóricamente la satisfacción de las necesidades de habitabilidad básica de las personas. b.- Como conjunto tipológico de distintos modelos de asentamientos integrales (tanto urbanos como rurales), bien de trazado ex novo, bien de modificación y mejora de asentamientos existentes, con amplía casuística de sus múltiples déficits, sistemáticamente recogidos en una manualística completa de proyectos rigurosamente definidos. c.- Como adición de proyectos reales, de ubicación geográfica/territorial concreta, redactados por profesionales como contribución a las demandas institucionales y de ONGD que realizan cooperación y desarrollo en materia de habitabilidad. Hablamos de asentamientos que se desarrollan y gestionan con una gran particular incidencia, por una parte, de los propios pobladores en su mayoría insolventes, y, por otra, del sector público o la cooperación internacional; y que, por tanto, actúan con otros mecanismos y en gran medida al margen del sistema mercantil. Asentamientos que han de construirse con ayuda pública bien definida en sus responsabilidades y sus límites en las distintas materias (conocimientos técnicos, suelo, capital, tecnología apropiada, etcétera), y en el caso de los pobladores mediante esfuerzo propio y/o ayuda mútua, fundamentalmente a través de mano de obra y de aportaciones del capital a su alcance. En este sentido hay que valorar el doble papel del trabajo: como "castigo" e inhumanidad a superar y como elemento de autodesarrollo individual y de despliegue de las capacidades personales y las conciencias. Si antes se aludía a la carencia de "memoria del subdesarrollo" como dificultad añadida para la docencia impartida desde "el Norte", ahora es momento de apuntar otra dificultad: la de saber atinar en la asignación de la justa importancia del "proceso" por contraposición / añadido al "producto". Su ajustada ponderación es un escollo en todo lo que supone para el auténtico desarrollo y la lucha contra la pobreza de las comunidades involucradas, algunos tipos de "procesos" se presentan como un escollo difícil de superar, especialmente desde una educación en la que todo proyecto termina en unas mediciones y un presupuesto. Una asignatura tan fácil de aprobar como difícil de interiorizar. La escasez y/o mal reparto de capitales y medios (suelo, materiales de construcción, maquinaria, tecnología, transporte…) hace que no se pueda pensar desde el comienzo en un lugar habitable completo y acabado, sino más bien un lugar habitable básico que a través de su desarrollo y construcción progresiva pueda llegar a ser en un tiempo prudencial (y sin la vuelta atrás en pérdida de vidas personales y en dilapidación de trabajo y capital, que crónicamente son la consecuencia de su vulnerabilidad) un lugar habitable completo. Lo importante es partir de las condiciones mínimas admisibles y plantear su ordenada estructura como un germen de desarrollo para ser construido y completado con posterioridad. Nada nuevo, ya lo enunció Aristóteles en "La Política": La ciudad tiene su origen en la urgencia de vivir, pero subsiste para el bien vivir, para la vida buena. La profesión de arquitecto ante un reto creciente Para su potencial clientela, el Norte orquestó con lógica y pragmatismo -también lo hizo el Sur miméticamente, con menos medios, lo que en ocasiones resulta patético- toda una parafernalia de escuelas, títulos, visados, bienales, revistas..., que se ocupa de la "arquitectura de autor" para atender la demanda solvente. Demanda que pude llegar a ser masiva en unos pocos países desarrollados, pero que se jibariza cuando el objetivo abre foco y visiona, no la demanda solvente, sino la necesidad global. ¿Para cuándo el tema de la vivienda de los "sinvivienda"? No hay tiempo que perder, perderlo resulta necio e inmoral. ¿Dónde vive la mayoría de los 3.000 millones de habitantes jóvenes que han duplicado la población del planeta entre 1970 y el 2000?... simple y llanamente, en soluciones habitacionales, eufemismo que hoy se utiliza para las construcciones que conforman la protoarquitectura que nunca tuvo relación con arquitecto alguno. Compartimos con Mayor Zaragoza una profunda preocupación por "el silencio de los intelectuales silenciosos". ¿Se pueden proyectar hermosas viviendas en silencio, frente al griterío de las mayorías sin cobijo? Es obvio que sí. Lo que resulta obsceno, no es el silencio de las individualidades -de por sí charlatanas-, ocupadas en colocar su firma en el "ranking" local, nacional o internacional de celebridad-honorarios, sino el silencio de la profesión. ¿Acaso no era la habitabilidad de los habitantes del mundo, la función social de la arquitectura, su principal razón de ser? Arquitectura sin arquitectos no es sólo, aunque también: el contenido de la bellísima exposición itinerante que partió del Pompidou hace dos décadas: las realizaciones del egipcio Hassan Fathy, la autoconstrucción andina descrita en forma pionera por J.F. Turner... Sin arquitectos -y no porque los necesitados rehusen sus servicios- se siguen haciendo hoy la mayoría de las viviendas del mundo, mayoría que no alcanza dicha calificación oficial de "viviendas", sino que se quedan en meros cobijos y soluciones habitacionales caracterizadas por su precariedad. Intuímos hace años, que desde la formación de recursos humanos en el ámbito universitario podía abrirse una fisura en el "silencio de la profesión" canalizando iniciativas de profesionales en formación seriamente preocupados por la crisis de la sociedad en la que han de ejercer su trabajo, y que aquí y ahora, empiezan a ser legión. Formación para una parte, ciertamente minoritaria, de la profesión (arquitectura / construcción / planificación / infraestructura...) decidida a incidir en la crisis de la sociedad mundializada en la que han de ejercer. Una formación pragmática y profesional para la que se recomienda como condición deseable, nunca excluyente, un determinado compromiso, no militante aunque sí de sensibilidad ante las carencias abrumadoras de los potenciales receptores de las intervenciones profesionales. Hacemos nuestra la reflexión de Victor Pelli sobre la necesidad de este nuevo enfoque de parte de la profesión, ya que "… si bien puede ser discutible si es o no es Arquitectura lo que se construye y lo que se hace para resolver la pobreza habitacional, de lo que no hay duda es de que en este trabajo hacen falta arquitectos". Hemos tenido la oportunidad de evaluar y sopesar en algunos casos prácticos, la carencia de profesionalidad al elaborar la documentación de proyectos de cooperación en materia de hábitat, la cual ancla sus raíces y encuentra su dudosa, y demasiado cómoda, legitimación en una trasnochada retórica ideológica o en la urgencia perentoria con la que se intenta justificar demasiadas veces la mera incompetencia técnica. Por tanto, centrarse en la mejora manifiesta de dicha dimensión técnica en los proyectos e intervenciones de cooperación y desarrollo es una de las conclusiones de esta evaluación sobre el terreno que ha de servir para la mejora sustantiva de resultados en acciones llevadas a cabo en materia. Pese a tratarse de construcciones, por lo general elementales, se estima que de contar con proyectos más completos y de mayor calidad y pertinencia se incrementaría la calidad del "producto" y se optimizaría la ejecución del "proceso". Hasta aquí se ha dado por supuesto, que la resolución de los problemas habitacionales son parte de las atribuciones y responsabilidades asignadas por la sociedad a los profesionales de la arquitectura. Esta suposición se transforma en duda si la trasladamos al marco geográfico del Tercer Mundo y cambia en forma radical cuando la referimos a los problemas habitacionales de los sectores en situación de pobreza. La formación convencional en las escuelas de arquitectura -¡también, y lamentable, en la mayoría de las del Tercer Mundo ¡- salvo honrosas excepciones, no proporciona ni los conceptos ni las herramientas necesarios para preparar profesionales capaces de encarar los "problemas habitacionales de los sectores en situación de pobreza". Asumido sin acritud este hecho incontestable, la formación que proporcionan las escuelas de arquitectura cumplen con dignidad su tarea, proporcionando conceptos y herramientas para las necesidades de su clientela, con no menos nivel que lo hacen las facultades de odontología, ingeniería o veterinaria. El problema surge en forma lacerante, si se aceptan dentro de las hipotéticas "atribuciones y responsabilidades asignadas por la sociedad" algunas extrapolaciones y matizaciones, que desde un ámbito universitario no solo nos parece pertinente formular, sino un deber abordar:
Resulta estéril polemizar sobre si hablamos de "Arquitectura" con o sin mayúsculas. Tampoco merece la pena atrincherarse con los que, desde posiciones antagónicas, llegan a calificar -bajo la simpleza de la hipersimplificación- de "casposa" o de "libertadora" la actividad docente en materia de habitabilidad básica. Ni una ni otra, aunque sí estamos convencidos de que, para resolver "problemas habitacionales de los sectores en situación de pobreza", los arquitectos y profesionales con conocimientos específicos en la materia siguen resultando imprescindibles. La formación que se desarrolla en la ETSAM tiene un carácter eminentemente pragmático, dirigida a preparar técnicos para la intervención en asunto tan perentorio como es la habitabilidad básica. Dado el estado extremo de las poblaciones -los déficits de cobijo acumulados en el Tercer Mundo, así como las nuevas demandas por surgir, debidas a los crecimientos previstos de población y a las concentraciones urbanas que se derivan de las inmigraciones rurales- se ha adoptado como característica básica de los programas docentes, una vocación por incidir en tan cruda realidad, consiguiendo resultados tangibles -"productos"- aunque teniendo siempre presente la extraordinaria importancia de los "procesos", como oportunidades de fortalecimiento y consolidación de los colectivos beneficiarios participantes. Sin embargo, se juzgó preciso que tal formación práctica fuese acompañada, en lo posible, de una reflexión teórica general. Reflexión que halla su referencia más irreductible en la repercusión que tienen los asentamientos humanos sobre las personas y en la capacidad del hábitat para re-obrar sobre los individuos y hacer aflorar la plenitud de sus capacidades. La clarificación de dicha repercusión se enmarca en un pensamiento general que precisa de cierto grado de interdisciplinariedad. Se pretende, en la medida de lo posible, inscribir la docencia dentro del paradigma señalado por Ortega para la enseñanza universitaria, que siempre debería aunar cultura y profesionalidad. Los Cursos que se imparten en la ETSAM se encuadran inequívoca y plenamente dentro del proyecto de modernidad; en favor del desarrollo, si bien desde una visión crítica que intenta compaginar el desarrollo humano con el sostenible, impulsando con realismo un entorno externo, físico y político, que sea condición de posibilidad para la expansión plena de las personas y, a su vez, compatible con la libertad igualitaria de los individuos. Se indaga pues un modelo de desarrollo predominantemente urbano centrado en la persona como objetivo final. El Banco Mundial, entre sus objetivos para el presente lustro, destaca la posibilidad de comercializar al máximo la vivienda de bajo costo hasta hacer de ella una mercancía barata que, con medidas adecuadas de financiación, sea asequible para la mayor parte de la población. Tales medidas parecen oportunas, sin embargo, es preciso reconocer sus limitaciones ya que los mecanismos de reproducción de la mayor parte de la población mundial desfavorecida seguirá actuando al margen del mercado formal. Es preciso pues, como paso previo, que las autoridades nacionales, las instituciones multilaterales de financiación y la cooperación internacional en materia de hábitat se responsabilicen de la "formalización" y buen funcionamiento de los procesos informales. Las tendencias del Banco Mundial, cuyos enunciados globales pueden resultar plausibles, dan pie a introducir una matización necesaria sobre las características de la formación impartida, que se propone ser cuidadosa con la diversificación de propuestas, sin encauzarlas en forma exclusiva hacia el sector de la indigencia -conocido como primer quintil o de extrema pobreza- sino que asume también como meta, soluciones de planeamiento urbano y/o construcción que bordean la sutil frontera entre los sectores informal-formal, con la pretensión de atender en forma equilibrada los quintiles segundo-tercero, siempre con la flexibilidad que conlleva este tipo de divisiones según los distintos países de actuación. Pese a discrepar del pensamiento defendido por el magnate mexicano Carlos Slim -quizás el mayor empresario de Latinoamérica- en una reciente reunión de Davos, en la que defendió que: "... el mayor negocio del siglo XXI será sin duda declararle la guerra a la pobreza", no nos parece defendible permanecer insensibles ante tan claro reto, muy en la línea de las formulaciones más edulcoradas del Banco Mundial. Puede que sea un gran negocio declararle la guerra a la pobreza con la alianza del Banco Mundial... pero no parece tan evidente que se consiga la deseable victoria en esa guerra: derrotar a la pobreza. Difícilmente podrá ganarse la batalla contra el hambre de vivienda bajo la bandera del ¡sálvese quién pueda!. Estos nuevos retos nos llevan a trabajar en la reformulación del papel que puede y debe jugar la formación que se pretende entregar en los Cursos que se esquematizan. |
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